Diario de China

DIARIO DE CHINA
ISBN: 84-932459-2-5
Autora: Mercedes Rosúa
530 págs. 21'5 €
1ª edición; mayo de 2004

ÍNDICE
Prólogo (y epílogo)
Libro I-Sian: Introducción; Sala de espera; ¡Bienvenida, bienvenida! ¡Calurosa bienvenida!; Sian; Las encuestas; El regreso
Libro II-Los náufragos de la utopía: Introducción; Pekín; El Instituto de Lenguas; Viaje al Sur; El Instituto número 2 de Lenguas Extranjeras; La larga polémica por el trabajo en la fábrica textil; ¡Despedida, despedida! ¡Calurosa despedida!; Un punto suspensivo

¿Tienen algo en común la China de la Revolución Cultural y la España de comienzos del siglo XXI? "Diario de China es la narración inmediata de un tiempo de revolución e incertidumbres vivido en primera persona. Razón y acción en la China de 1973: Mercedes Rosúa, presente en aquella época y aquel lugar, expone la situación de ambas sin atenuantes. Intrigas y burocracia convierten la enseñanza en un territorio minado y deseado por todos a causa de su rentabilidad política. Al final, entonces como hoy, queda el ser humano en su soledad, a merced de los dictados colectivos.

 

RESEÑA: DIARIO DE CHINA
Autora: Mercedes Rosúa
Colección Surcos. Grupo Unisón Ediciones. Madrid. 2004

El pensamiento de la acción
"Diario de China" es en parte la reedición de una publicación ya antigua de Mercedes Rosúa que incluía sólo el llamado "Diario I"; y del llamado "Diario II", que continúa cronológica y literariamente al primero. La unión de ambos conforma una obra de considerable extensión y al tiempo de una intensidad fuera de lo común, que no baja de grado en momento alguno. La inmediatez de la narración, la atención al detalle y al matiz, posible por reciente, de las situaciones, los diálogos y las conductas personales, todo en conjunto atrapa al lector y le transportan en efecto a la China de 1973 y 1974: no como re-creación o recuerdo o libro de memorias, estilos o géneros siempre tamizados por la reflexión posterior, los olvidos o en ocasiones las conveniencias. Muy al contrario, "Diario de China" es exactamente eso: un a modo de cuaderno de bitácora escrito en traslado directo y veloz desde los hechos a las letras.
Pero con ser apasionante ese transporte a otra época y otro lugar, siendo estos precisamente y nada menos la China de la Revolución Cultural y sus muy peculiares proyectos y conductas colectivas e individuales, hay un elemento aún más impresionante: son hechos y sucedidos también, y como tales trasladados inmediatamente al Diario, las mismas reflexiones habidas al tiempo que los fenómenos diríamos externos de acción observable se desarrollan en el mundo de lo físico. Ello convierte a esta obra en caso singular de síntesis pensamiento-acción: entran en el diario y con pleno derecho, y sin que el lector experimente ruptura alguna en su lectura, las ideas habidas, las percepciones y la conciencia de las percepciones de la autora mientras se desarrollan los hechos que paralelamente nos narra. ¿Por qué no iba a ser así? ¿Acaso la realidad pensada, la realidad reflexionada es menos realidad que la caminada físicamente?
Naturalmente, hay quien así lo afirma. No Mercedes Rosúa, por supuesto, que no sabe transitar siquiera por los rincones y los momentos más intensos de la llamada Revolución Cultural sin incluir en su experiencia el mismo contraste de su opinión, pero no ya en retrospectiva, sino en el mismo instante de los sucesos y como un suceso más. Por si no bastaren los conflictos que, al principio soterrados y nada más que anunciados, luego ya abiertos y carentes de frenos, se plantean entre Rosúa y ciertos personajes, el conflicto permanente, anterior y posterior a toda la experiencia, y que atraviesa esta como fuerza motriz, es el planteado entre la realidad escuchada por Rosúa y la realidad pensada: la imposibilidad de transigir con la deficiente o inexistente aplicación real de los grandes principios sociopolíticos proclamados y el uso sistemático de la mentira, de la hipocresía y de la crueldad, tres hermanas que son perfectamente aborrecidas por la autora.
"Diario de China" es pues la narración inmediata de un tiempo de revolución e incertidumbres vivido en primera persona; y por ser vivido en primera persona es pensado simultáneamente, y esos pensamientos son también la acción narrada. No cabe en ello la racionalización exculpatoria de la lejanía temporal o espacial, que parece haber sido norma al tratar aquella época desde las cómodas y libres butacas occidentales. Razón y acción en la China de la Revolución Cultural: Mercedes Rosúa, presente en aquella época y aquel lugar, expone la situación de ambas sin atenuantes.